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Fabiola Corona

  • Desvarío

    Feb 8th, 2025

    Me gustaría comenzar diciendo, que más que un microrrelato, esta es una carta de renuncia a todo lo demás. Una carta en la que explicaré muy detalladamente a lo largo de estas letras, lo frustrante que es la certeza de saberse escritor, y no serlo. ¿Es el escritor una persona que escribe? O, ¿es el ser escritor algo innato, que piensa que lo es aunque no lo haga? ¿Es el escritor aquél que consigue vivir de la escritura? O ¿es el escritor, como dijo Padura, tan sólo un infeliz masoquista?

    Nadie escucha

    el grito de las hojas,

    hasta que llega el viento.

    Cuando morimos

    Muere también el viento

    Y todos sus recuerdos

    Tan solo gritan

    las hojas extrañadas

    mueren de dolor

  • Do you want me to start it like that?

    Feb 8th, 2025

    -¿Entonces quieres que comience así?

    No supe qué decirle, yo tampoco sabía cómo comenzar. Se me había ocurrido que ella podría decírmelo a mí. Y así, sin más, entramos en un baile del que ya no pude salir.

    -¿Cómo era tu madre?

    Comenzamos. Yo le dije no lo sé. Nunca lo supe. No sé si hubiera sido más adecuado preguntar que quién era ella y no cómo aunque es cierto que tampoco sabría decirlo a ciencia cierta. Mi madre era… ¿cómo decirlo? mujer. De muchos y de ninguno. Sí, creo que así. Mi madre era mujer de muchos y de ninguno en realidad. ¡Uf! Espera un momento… tantantan tantantan tantantan ¿escuchas ese platillo? – Hablaba mientras cerraba los ojos  y levantaba la mano envuelta en un puño con el índice señalando al techo– ¡Qué maestro! – inclinaba la cabeza hacia abajo mientras sus sentidos se hundían en un éxtasis que le emanaba de la sonrisa. Volvió a mirarla.

    -¿Qué platillo de fondo?

    En la vida había aprendido que hay cosas que es mejor no contestar. Hay cosas que en realidad no son para compartir.

    -Mi madre olía a jazmín, es lo único que recuerdo y corren rumores que mi padre era un proxeneta que dejaba a mi madre a merced de cualquiera que pagara. Se podría decir en un sentido completamente desfigurado de la palabra, que el olor a jazmín me metió a este mundillo. Pero en fin, tampoco es que me importe. Eso fue hace tiempo y la verdad que volvería a hacerlo. O bueno, dejaría que ellos volvieran a… ya sabes, tener un hijo. O sea, a mí. Que no me arrepiento, vamos. – Volvió a cerrar los ojos, levantó las cejas y la mano al compás. – Dios. Ahí está otra vez ese ritmo, han vuelto a hacerlo de nuevo… pam pam pampampam pampampam y el saxo… qué bien, qué bien. Perdona, ¿qué te estaba diciendo?

    -No entiendo de qué saxo hablas. ¿Estás bien?

  • Diario de una mosquita muerta

    Feb 8th, 2025

    Cuando se despertó, supo que la había vuelto a liar. Eran las 09:02 y tenía que conectarse otra vez. Le dolía la tripa, la cabeza estaba nublada y la puerta de entrada se cerró. Ya sé lo que ha pasado, pensó, me volví a acostar tarde y por eso me siento así. Una forma demasiado poética para justificar sus actos. Me volví a acostar tarde, entonces por eso estoy cansada, ay, llego tarde porque ¿sabes qué? Me volví a acostar tarde. Oye una cosa, ayer me acosté tarde y por eso no estoy rindiendo bien. Sí esque ayer no veas, me acosté tardísimo y hoy voy como zombie. Sí, ¡buenísima! De hecho ayer me acosté tarde porque no podía parar de verla, por eso mis ojeras. Bla. Bla. Bla. Todos caen. A veces la vida te trata mejor si tienes cara de mosquita muerta. Ella lo tenía comprobado. Sabía perfectamente qué hacer, qué decir, cómo actuar, para no tener ningún tipo de consecuencias de sus actos con los demás. ¿Ella? No sería capaz! Pero si es un amor! ¿Qué tiene? Como veinte años, ¿no? Le queda toda la vida para aprender.

    Mientras se preparaba el café, pensaba en la excusa que pondría esta vez. He pasado malísima noche. Pero no pasó. Al final, como siempre, había apechugado con sus actos, cualesquiera que hubieran sido, y puso buena cara. ¿Cómo estás hoy? Todo perfecto, gracias. Y siguió así con su día, como si nada hubiera pasado. Como si todo estuviera bien. Sin ojeras, sin dolor, sin ganas de vivir. Estaba acostumbrada. ¿Podía ser tan malo como aquella otra vez, en la que había recogido todos sus pedacitos sólo por quedar bien? Seguro que no. Estaba acostumbrada.

    Y pasaba así los días, cada mañana difícil intentando encontrar una excusa para no aparecer, pero nunca era lo suficientemente buena. Se van a dar cuenta de que no soy perfecta. ¿Qué cara voy a poner entonces? ¿La mía? Pero si soy una mosquita muerta.

    Por definición, una mosquita muerta, más allá de ser una mosca hembra que yace en el suelo sin vida, se usa coloquialmente para personas que, de ánimo o genio apagado, no pierden la ocasión de su propio provecho. Algo así como alguien que parece ser, pero no es. En alguna ocasión la habían definido así y ella, traviesa, lo había aceptado como propio. Conveniente. Salirse siempre con la suya aparentando todo lo demás que, en efecto, no era. ¿Sería cierto?

    Una vez la pillaron, en pleno acto. Nunca olvidaría la cara de incredulidad y de decepción de todas las personas que la rodeaban en ese momento. ¿Ella? Pero ¿cómo es posible? A veces las cosas no son lo que parecen ser. A veces las cosas solo son, y hay que saber mirar. Pero ella no pudo soportarlo. Otra vez, cogió sus pedacitos, dio la cara y se fue. Decidida a nunca más dejarse encontrar, dejarse ver, descubrir. Una mosquita muerta debajo del buró que nunca se limpia. Que no se escapa, que huye de su propia naturaleza para encajar en lo que parece y se espera de ella, de alguien así, detrás de esa cara de ángel. Conveniente. Salirse siempre con la suya, sin dejarse ver. Vivir, comer, existir, sin libertad.

  • Ballena Vacía

    Feb 8th, 2025

    La ballena no esperaba al visitante que estaba a punto de entrar en su habitación, estaba convencida que ya todos se habían ido y se habían olvidado de ella.

    “¿Qué te pasa?”, escuchó decir la ballena mientras la puerta se cerraba. Se sorprendió al ver que no había nadie detrás de esa voz, sólo la voz.

    “¿Qué qué me pasa? ¿Cómo puedes no saberlo si has conseguido dejar entrar a tu voz en mi habitación?”. La voz no se sorprendió de la pregunrespuesta y siguió avanzando.

     “¿Cómo te llaman?”

     “¿Sabes cuál es el problema? Que a mi no me llama nadie, no sé cómo me llaman, o cómo me llamarían si me llamaran”,

     “muy bien, y entonces ¿a qué respondes?”

     “a casi nada, me gusta el silencio”

    “y ¿Por qué me has dejado entrar?”

    “eres sólo una voz, ¿no?”

    “Puedo ser lo que tú quieras”

    “Yo no te he dejado entrar”

    “Sin embargo, todavía no me has echado.”

    “¿Qué quieres?”

    “¿Qué quieres tú? Esa es la pregunta”

    “Muy bien. Quiero silencio”

    “define silencio”

    “abstención de hablar. Falta de ruido”

    “¿Y con quién estás hablando?, ¿qué ruidos escuchas?”

    La ballena cerró los ojos, y se sorprendió al no escuchar nada.

    “sin embargo estás aquí, puedo entenderte”

    Silencio.

    “¿Puedes?

    “Sí”

    “¿y me escuchas?”

    “No lo sé. Define escuchar”

    “Prestar atención a lo que se oye”

    “¿Quién eres?”

    “Soy una ballena”

    “eso no es cierto. Yo soy una ballena”

    “Y, ¿por qué no puedo ser una ballena yo también?”

    “¿tú te has visto?”

    “Tu tampoco puedes verme. ¿Cómo puedes entonces decir que no soy una ballena si no me has visto?”

    “Las ballenas no pueden no verse. Es imposible, somos uno de los animales más grandes que existen, si hubiera una ballena, yo la vería.”

    “¿Por qué estás tan segura? Cierra los ojos e imagínate por un momento, que estás hablando con una ballena”

    “Esque no estoy hablando con una ballena”

    “Entonces, ¿con quién estás hablando?”

    “Con una voz”

    “eso es, con la voz de una ballena”

    “Pero no puedo verte”

    “Eso no tiene absolutamente nada que ver”

    Continuará.

  • Bloody Mary

    Feb 8th, 2025

    “Hay veces en las que es mejor no verse”. Era de noche, la cama fría parecía que la animaba a que se levantara y fuera de nuevo al espejo. Los pies fríos, las piernas desnudas, la cara congelada y gusanos en la tripa. Es mejor no verse y se quedó dormida.

    Se levantó y había desaparecido. Un suspiro de dolor se apoderó de su cuerpo y cerró los ojos como si de un mal recuerdo se tratara. Abrió la nevera, un par de tomates y a la licuadora. Se asomó por la tapa hasta que alguna partícula roja le hubiera salpicado el cuerpo.

    Esta noche no cuentes conmigo, Mariano. Cualquier cosa te llamo.

    Mariano asintió y le mandó un beso al aire. Ni siquiera le había sorprendido que ella no pudiera mirarse aquella mañana. Zumo de limón. Rodajas. Ayunas. Vodka. Ya le quedaba poco.

    En casa del tercero derecha anocheció antes. No había luna, tampoco sol, Katarina entró como todos los viernes y cerró la puerta para que no se escapara. Había que terminar con todo, pero esta noche no, ¿esta noche? Miró el reloj.

    Encendió las velas de la cocina, cerró las cortinas y volvió a sacar la licuadora. Jugueteaba a encenderla y apagarla mientras miraba las aspas girar. Miraba las aspas girar. Miraba las aspas gir…

    ¿Katarina? ¿Por qué no me has cogido el teléfono? – Se escuchó a la puerta azotarse. Te llevo llamando un par de horas. ¿Sabes a quién me he encontrado? al tío Juan, estaba en Tabasco pero ya ha vuelto. Te manda un saludo. ¿Por qué no me contestaste? Anoche me acordé de ti, ¿Katarina?

    Las aspas seguían girando, siguiendo su ciclo sin parar guiando sus ojos casi hipnotizados. El sonido le impedía escuchar el ruido de fondo y con las dos manos sujetaba su nuevo instrumento favorito. Poco a poco se atrevió. Fue acercándose más cada vez, lentamente, como quien tiene el cuerpo congelado y un morbo insaciable. Aspas, manos, gravedad, frío, temblores, soledad, vidrio, espejo, aspas, soledad, sangre.

    ¡Katarina!

    Pero Katarina no estaba. El del tercero corrió al espejo, encendió la luz y ya no estaba.

  • Cómo no poder

    Feb 8th, 2025

    El día que desapareciste fue el día más trágico de mis años. Por lo menos sé que estás ahí, pensé. Ojalá no estuvieras. Oh-ja-lá no estuvieras. Yo no sabía que me estaba muriendo hasta ese día, tu
    partida me revivió y me enseñó que es mejor luchador el que no puede que el que puede. Porque el que puede no tiene tanto mérito, porque el que puede tiene armas, porque el que puede no lo necesita. “El Ensayo del Perdedor”, pensé, o mejor aún: “El Desensayo del que Nunca Pudo”,
    “Cómo No Poder for Dummies”, y morir así.

    Cuánta tranquilidad en un solo pensamiento lleno de
    ysis y situaciones en las que pudo pero no fue, en las que camarón que se duerme, en las que mejor pájaro en mano que un ciervo volando, ¿era así?

    Pude hacerlo, pero no lo hice. Aquella otra vez también pude y tampoco lo hice. Me pregunto si morir en vida sea parte del ciclo terrestre. Como una especie de juego en el que ganan los que no
    pueden, para vivir juntos como cucarachas en un mundo sucio. Un lugar en el que los elegidos de Mitlantecuhtli o Hades u Osiris o Plutón, fueran los encargados de las olimpiadas y nosotros, fieles
    descendientes de Gregor Samsa, fuéramos lanzados a morir viviendo. Y morir así, viviendo.

    Pero tú no eras uno de nosotros, porque lo que era para ti, estaba ocupado. Y como Frida Kahlo, te llamaste también Leonardo.
    Me pregunto si habrá precipicios metafóricos más hondos que otros, que cuando piensas que llegaste en realidad te falta kilómetro y medio hacia abajo para cuando creas estar subiendo. Lo pienso y me da risa “¿ysi bajo ahora y me quito ya el pendiente?” Si bajo ahora y se muere mi perro, quizás no duela tanto.


    Otras veces me pregunto qué estarías sintiendo tú. Creyéndote inmortal sin pensar en la carnicería que tenía preparada el destino. Quizás tuviste suerte porque con el destino no se juega. Quizás
    tuviste suerte porque la carnicería era tu inevitable final. Quizás tuviste suerte.

  • Chantal /intento de texto Kitsch pero me salió una novela adolescente más

    Feb 8th, 2025

    Chantal abrió los ojos, perezosa, y miró el reloj de su mesilla de noche de madera de cerezo, la favorita de su madre “¡oh no! ¡Ya es tarde!” se pasó ambas manos por su rostro rosado, todavía hinchado, intentando que sus ojos se abrieran por completo y sacó el pie derecho de las sábanas al suelo, realizando lo mismo con su pie izquierdo (el que a ella le daba buena suerte) y se fue andando al cuarto de aseo. El suelo estaba frío, los efectos de la calefacción del día anterior habían desaparecido del ambiente y al ver el chaleco azul, su favorito, no dudó en ponérselo. Se miró al espejo, la misma expresión de siempre. Chantal soñaba con ser una chica guapa y atractiva, pero su reflejo le decía otra cosa. “Oh… algún día, quizás, Nick se fije en mi.” Era lo único que pedía.

    Nick, en cambio, era el chico popular de la clase. Tenía muchos amigos y salía con Ángela, la líder de las chicas de la redacción estudiantil. Ángela era alta y rubia, con los labios grandes y rojos que invitaban a acercarse. Ángela y Chantal nunca habían sido amigas, podría decirse que para Ángela, Chantal era invisible y no conocía siquiera su nombre.

    Chantal suspiró recordándolos a los dos, siempre de la mano. Y en sus sueños se imaginaba que era ella la que toaba la mano de Nick. “Los cuentos de princesas y de finales felices no existen.” Se puso sus vaqueros favoritos, una camisa blanca de suave terciopelo y su chaleco. Chantal estaba lista para empezar el día.

    Bajaba las escaleras apresuradamente mientras a los lejos podía oler el delicioso y nutritivo desayuno que su madre llevaba horas preparando.

    “Buenos días, cariño. ¿Cómo has dormido hoy? son las 7 de la mañana, ¡llegas tarde! te he preparado tu desayuno favorito. Hoy es un gran día”

    El comedor era grande, con paredes de papel pintado rosa y un olor inconfundible: ¡su madre había hecho panqueques! La mesa estaba llena de platos con fruta, dulces, cereales, huevos revueltos y panecillos. En la jarra floreada favorita de su difunta abuela había café y en la jarra rosa té de hierbabuena.

    -Oh… mamá ¡Has hecho panqueques! No tenías que haberte molestado… – dijo Chantal mientras llenaba su vaso de zumo de naranja recién exprimido. Además no tengo hambre, estoy muy nerviosa y me he levantado con náuseas, me voy a tomar el zumo solamente.”

    -Cariño no te preocupes. Ralph seguro que se come las sobras.

    Su madre era así, siempre atenta y lista para ayudarle a su adorada hija con los menesteres de la rutina y no podía más que sonreír al sentirse útil para ella. Era una madre ejemplar.

    Chantal tomó el vaso de zumo recién exprimido y se lo bebió de un trago. Ralph, que la esperaba coleteando a un borde de la mesa de madera, también de cerezo, grande y ancha, se relamía por las palabras que acababa de escuchar.

    -Gracias, mamá. Te debo una. ¡Oh! Me llevo un panecillo.

    Tomó el panecillo del recipiente, lo envolvió en una servilleta y lo metió en su mochila. Se acomodó la falda que había elegido para la ocasión y salió corriendo al instituto.

    Chantal era una chica muy tímida que ignoraba por completo su belleza. Nunca la había sentido y nunca había llamado la atención de nadie. Por lo menos que ella supiera. Se escondía constantemente bajo un manto de dureza del que nadie era capaz de sacarla. Nadie más que su mejor amiga Alice. La vida le había enseñado a no fiarse de nadie más que de Ralph, Alice y su madre.

    Llegó a tiempo al autobús y se subió sin pensarlo.

    Nick corría tras la pelota en el verde campo de fútbol. Era día de partido y el estadio estaba lleno. Chantal estaba ayudando en el puesto de bebida para los jugadores y llenaba los vasos de agua y de bebidas energéticas. No quería que Nick la viera y le esquivaba la mirada cuando pasaba corriendo por delante.

    -Chantal, ¿puedes ir a la bodega por más vasos, por favor?

    Antonio, el entrenador, se dio cuenta que no había suficiente bebida para los chicos.

    Chantal le dio la espalda al estadio y se puso en camino a la bodega por más vasos. De repente se oyeron gritos en el estadio y al voltearse vio cómo la gente entraba en el campo para socorrer a un jugador herido.

    -¡oh no!

    Chantal había acudido al curso de primeros auxilios del instituto y sacó de su mochila rápidamente desinfectante, tiritas y olvidando los vasos fue corriendo a ayudar.

    -¡Tengo alcohol, gasas y tiritas, apártense! – Chantal había olvidado por completo su timidez y decidida se acercó al bullicio.

    Era Nick.

    Sin pensarlo tomó su pierna, le quitó el calcetín y miró la herida

    -No te preocupes, no parece grave. Chantal hablaba como si no reconociera a la persona que socorría, como si no soñara con él día tras día imaginándose todos los escenarios posibles a su lado. Su sentido de la responsabilidad la había invadido y no veía cómo ni a quién ayudaba.

    -No te muevas, ya casi termino.

    Nick la miraba embelesado. ¿Quién era ella? No la había visto nunca. Lo cual le pareció extraño porque una belleza así no era fácil de ignorar.

    -¡Wow! ¿Cómo te llamas? Muchas gracias.

    Chantal había terminado y recuperó de golpe todos sus sentidos. Lo miró a los ojos, perpleja, roja y sin poder articular palabra. Cogió sus cosas, apresurada y se fue corriendo huyendo de ahí sin contestarle a su pregunta.

    Chantal llegó al baño, se metió a una cabina para recuperar la respiración y tranquilizarse, buscando un poco de soledad. Cuando estuvo más tranquila abrió su mochila para ordenar todas sus cosas de primeros auxilios y ahí es cuando lo vio. El calcetín de Nick…

    Fin.

  • POMPILIO FLUJO CONSCIENCIA/MONÓLOGO INTERIOR/ LO QUE TÚ QUIERAS

    Feb 8th, 2025

    Pompis tu madre ¿Con qué derecho viene este personaje a llamarme Pompis ahora? no lo entiendo y creo que tampoco quiero entenderlo. Esto se lo curo yo de una. Es que me hierve la sangre, lo noto, el doctor dice que me tengo que controlar pero a ver si viene él y es capaz de aguantarse, nadie me entiende. ¿Por qué me nombró a Alena? ¿De qué la conoce? ¿Será por este amigo suyo… cómo se llama… el gordito, hombre, este calvito simpático? Ni idea, qué más da su nombre en realidad. Los nombres son algo completamente innecesarios aquí dentro y ¿fuera? bah, bueno ni idea, en fin. El gordito ese seguro que conoce a Mario y por eso Mario conoce a Alena y por eso la nombró. Perro que ladra no muerde ¿mientras ladra o después tampoco? ¿Solo muerden los perros que ladran? el de la vecina siempre está callado pero nadie se acerca. Estoy espesito hoy, tengo que relajarme. Quizás en la cafetería les sobre una tila, y si no pues que me la den, que la compren, que por algo trabajo aquí desde hace tanto tiempo. Que me respeten. Si voy caminando despacio parece que voy pensativo y no quiero que me vean dudar. Levanta la cara Pompilio, con dignidad, así, eso es, eso es. Qué bravo eres, mira cómo te mira el otro… ¿por qué sonríes, Pompilio? cierra esa boca, bueno, ya la había cerrado, no sé qué hago dándome órdenes a mí mismo. «No tenemos tila» ñiñiñiñi ¡compra! de verdad, lo que hay que aguantar. Ni que fuera esto bueno, si, lo es, dios Pompilio estás insoportable. Respira, qué pereza, a ver, céntrate. Cierra los ojos. Respira uno… uy, ¿y si no pienso en que estoy respirando funciona? ¿Si me distraigo sigue funcionado? ¡ya! piensa en blanco, ah no en negro, exhala dos… no me siento relajado, la verdad es que no sé si funcione esto. Inhala 1, más tiempo, Pompilio, sacas el aire muy rápido va, inhala de nuevo 1… bien, espera un poco… 2, 3 4, exhala… suficiente.

  • Carolina

    Feb 8th, 2025

    Me gusta pensar que de vez en cuando Carolina soy yo sólo que con otro nombre, otra cara, otro cuerpo, otros ojos y otras manos. ¿Los pies? tampoco. Quiero decir, que tampoco son los mismos. Carolina es ella y yo soy yo y a veces compartimos su pasado.

    Me imagino a Carolina pesando aproximadamente 104,56kg. Sí, por ahí ha de andar. No la conozco, pero la he visto porque me han enseñado fotos. Carolina tiene pies de gente grande y vello en todo el cuerpo. A veces me llaman preguntando por ella y si tengo un buen día les digo la verdad, como aquella vez que llamaron del hospital “es el único contacto que tenemos, ¿no sabe dónde podemos localizarla?” me disculpé y colgaron. Nunca había sido el único contacto de alguien muriente en el hospital, hasta que fui Carolina. Otras veces miento y digo que soy ella “¿eres una mujer fuerte?” respondo que sí, asumiendo que se refieren al peso.

    Carolina es una mujer fuerte, de Vitoria con un pasado juguetón, digamos, que es el pasado que llegó a mi vida. Carolina comparte conmigo su intimidad y creo que ella no lo sabe.

    Tendrá unos 40 años y parece ser que trabaja intentando vender productos de belleza Avon a sus contactos de redes sociales. Cuenta con 78 contactos bloqueados en el teléfono y a veces uno se escapa y vuelve a llamar “¿Carolina?” disculpa, pero yo no soy Carolina y no sé dónde puedes encontrarla, no la conozco. Otras veces, la mayoría, mandan directamente La Foto.

    La Foto no es más que una foto que Carolina mandaba a sus amigos supongo, cuando se sentía traviesa. Ellos, a su vez, mandaban otra foto y así sucesivamente hasta que accidentalmente llegué yo a esa cadena de amor para romperla. Al buscar al fantasma de Carolina, sus amigos, desesperados, preguntan por ella:

    -Te he echado de menos. ¿Por qué no contestabas?

    Si veo que tiene cara de buena gente le digo la verdad, otras veces, la mayoría, opto por seguir el juego: “perdona pero ahora mismo no caigo. ¿Nos conocemos? ¿Quién eres?”

    -Eres Carolina, ¿no? Yo soy Jokin, de Vitoria.

    -¿Cómo tienes este número?

    -¿Eres una mujer fuerte?

    E inteligente, pienso. ¿Te conozco?

    -¿Eres fuerte y te costaba respirar?

    -Puede ser.

    Y ahí está una vez más: La Foto.

    -Mándame ahora tú una.

    No quiero.

    -Mándame una como las de antes, anda.

    No.

    – ¿Quieres que te la mande yo? – acto seguido llega y por eso sé, que Carolina tiene vello en todo el cuerpo.

    Y así sumamos 79 contactos bloqueados hipnotizados por las vergüenzas de Carolina, siempre buscando más.

    No la conozco, pero me imagino a Carolina viviendo en un cuarto de una comunidad de mujeres víctimas de algo. Me la imagino sentada en la cama, con el catre y el colchón doblados por la mitad resistiendo el peso como pueden y chirriando de dolor con cada movimiento. Me la imagino ahí sentada mirando el móvil, pasando aburrida de una imagen a otra, de un vídeo a otro, de una conversación a otra. Me imagino a la soledad apiadándose de ella en esos momentos.

    Nunca le he visto los ojos, pero me gustaría que fueran marrones. Julian Barnes dijo una vez que pobre de aquel escritor que se atreviera a poner color a los ojos de una mujer e incluía los ojos marrones en su escrito, como apasionados y profundos. Ojos que esconden un secreto y te hacen pensar que puedes adivinar los pensamientos con solo mirarlos. Me pregunto si los que la buscan con tanto esmero la encuentran. Si ella, Carolina, sabe que es buscada y deseada por tantos miembros, digamos, de su club de fans.

    No sé si es coincidencia, pero siempre hay una Carolina memorable en la vida de casi todos y en muchas canciones. Mi Carolina no se puede ver ni tocar, llegó a mi vida por accidente y ella no sabe que existo.

  • FRIDA KAHLO- 16 facts you need to know

    Sep 12th, 2018

    “They thought I was s Surrealist, but I wasn’t; I never painted dreams. I painted my own reality” Frida Kahlo, 1953

    Hello lovely readers, I missed you

    welcome back!

    Yesterday it was my 5th anniversary in Germany and I somehow felt attached to this wonderful woman Frida Kahlo, so I thought this was a nice way to come back to beautiful (online-)life and I hoped that even though she was not a writer, you would appreciate some very interesting facts about her as smart and curious as you, my pretty and beloved readers, are.

    So here we go!

    16 facts you need to know about Frida Kahlo

    1- Frida Kahlo was mixed raced

    She was the daughter of a Jewish-German Photographer, Wilhelm Kahlo, and a mixed raced Mexican-Spanish woman, Matilde Calderón

    2- She lied about her age

    Her actual birthdate is 06/07/1907 (She would be 111 years old today!) but as an active communist she was, she once told the press to have been born in 1910, year of the Mexican Revolution

    3- Her birth and death happened inside “La Casa Azul”

    La Casa Azul was the house of her parents when she was born. Later when her parents died it became part of her heritage, after her death, this –now– iconic house became a Museum and you can find it in Coyoacan, Mexico City

    4- She suffered from Polio

    This sickness forced her to always wear long skirts to hide her legs. Her right leg was strongly weakened by this status and was way thinner and shorter than the left leg. At school, they used to call her Frida Pata de Palo (Frida Wooden Leg)

    5- At the age of 18 she suffered a near-fatal accident

    The bus she was traveling in crashed with a trolley-car and left her deeply wounded: she spent several months in bed, 35 surgeries followed and she lost the capability to have children. She got pregnant 3 times in her life but lost all the babies

    6- She had an imaginary son

    She called him Leonardo and wrote a fake birth certificate for him some months after the accident

    7- She wanted to be a doctor

    before the accident, she was planning to become a doctor, but the months in bed that followed inspired her to paint self-portraits to express her pain using a mirror across the bed. Her poor health shaped her art. If you pay enough attention to her paintings, they hurt!

    8- she painted 55 self-portraits

    In total, she painted 143 pieces and 55 were self-portraits!

    “I paint myself because I am so often alone and because I am the subject I know the best”

    These pieces are mostly interpretations of physical and psychological wounds.

    9- She married Diego Rivera… TWICE

    “The Elephant and the Dove” people often referred to them as that because of their difference in size and age (he was 20 years older than her).

    Despite being each other’s greatest fans and supporters, their marriage(-s) was(were) full of pain, affairs, and trouble.

    10- She was a bisexual and had an affair with Leon Trotsky

    yep.

    Going back to the affairs they had, when it comes to Frida she had both women and men, this including Leon Trotsky, as he was receiving asylum by the Mexican government. Frida and Diego (as communists they were) hosted Trotsky and his wife in La Casa Azul.

    11- a Proud woman of her heritage

    Despite having lived in New York, San Francisco, and Paris, Frida was a proud Mexican who always loved her country. She wore long colorful Mexican skirts and loved the traditions and people of her country.

    12- unibrow and mustache

    as a feminist she refused to be defined by others and captured her self-love in her portraits painting her natural unibrow and mustache, leaving aside the concerns over gender roles and body

    13- She arrived at her first solo exhibition in an ambulance

    if not Frau Frida, who? As she was sick in bed and against all odds, she refused to miss her exhibition and had an ambulance take her there inside the bed.

    14- She died at the age of 47

    “I hope this exit is joyful- and I hope never to return”

    until today it is unclear if she died because of her sicknesses and endless wounds or if she committed suicide taking an overdose of medicine. This is the last thing she wrote in her diary and no one really knows what she meant. She also wrote that she wanted to kill herself but her love for Diego was too strong to do that.

    15- She is a feminist icon

    During her lifetime she was “Diego Rivera’s wife” but in the 1970’s in the apogee of the feminism, her artwork became more popular and widely acclaimed until the roles changed and now Diego is known to be her husband. Well done, Frida!

    Nowadays feminist theorists embrace Kahlo’s deeply personal portraits for their insight into the female experience.

    oh, I almost forgot:

    16- Her real name

    Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón, very Mexican.

    Since this is a literature blog I will have to add that she actually wrote several letters to Diego Rivera and dedicated him some poems she also wrote. El Recuerdo was published in a local newspaper of that time.

    I will copy a small part of one of her writings:

    “You deserve a lover who listens when you sing, who supports you when you feel shame and respects your freedom; who flies with you and isn’t afraid to fall.

    You deserve a lover who takes away the lies and brings you hope, coffee and poetry”

    Thank you, Frida- and may all my readers find such love.

    PS: everything we might have in common it’s just a beautiful coincidence, lovely Frida.

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